Introducción
Con el mismo barro se hace un botijo, una teja y un plato de mesa. No cambia el material: cambian la mano y el horno. La chenin blanc es esa clase de uva, y no lo decimos nosotros: el catálogo oficial de variedades de Francia recoge que, según el suelo y el modo de cultivo, da vinos espumosos, secos o licorosos. Tres bebidas que no se parecen en nada, salidas del mismo racimo.
Lo que no cambia nunca es la acidez. Es su columna vertebral: ese mismo catálogo le atribuye un «potencial de acidez importante» y vinos elegantes, vivos y nerviosos, con aromas de miel. De ahí que un chenin dulce no empalague y que uno seco parezca recién afilado. Y de ahí que aguante en botella.
En Francia se llama a secas Chenin, y así está inscrita en el catálogo de variedades. En Sudáfrica la llaman steen, y allí no es una uva más: con 15.949 hectáreas en 2025 supone el 18,4 % de todo el viñedo de vinificación del país, la más plantada con diferencia. En Francia había 10.085 hectáreas en 2018. La uva del Loira tiene su mayor viñedo en el otro hemisferio.
Origen
Del país no hay discusión: el VIVC, el catálogo ampelográfico de referencia, da Francia. De la comarca sí la hay, y es la propia fuente oficial la que deja la puerta abierta: el catálogo francés escribe que la variedad es originaria del Valle del Loira «y verosímilmente de Anjou». Ese verosímilmente es suyo, no nuestro. Anjou es lo más probable; no es cosa cerrada.
La genealogía va por la mitad. El VIVC (variedad n.º 2527) da un parentesco confirmado por marcadores con un solo progenitor identificado: la savagnin, la misma que asoma en el árbol del godello. El segundo padre figura en la ficha como un signo de interrogación. Media familia con nombre y media sin él.
Nombres tiene de sobra: setenta y seis sinónimos registrados. Pineau de la Loire, plant d'Anjou, steen en Sudáfrica; en Bulgaria se inscribe oficialmente como shanin. En Francia su superficie cayó de 16.594 hectáreas en 1958 a 9.552 en 1979, y de ahí no ha vuelto a subir gran cosa.
Su casa es el Loira: unas 57.000 hectáreas y sesenta AOC a lo largo del río, con Anjou-Saumur y Touraine entre sus tramos. No es una uva cómoda. Brota pronto, y si hiela en primavera las yemas de repuesto salen casi estériles. Madura tarde, tres semanas largas después del chasselas. Y el catálogo francés la da «particularmente sensible a la podredumbre gris», al oídio y a las enfermedades de la madera. Da trabajo en viña.
Cómo reconocerla
Va del amarillo limón al dorado: aquí el color dice más de cómo se hizo el vino que de la uva. En nariz, manzana y membrillo por delante, miel por detrás, flor de manzanilla y una nota rara que la firma: lana húmeda, ese olor a jersey mojado que no deja ninguna otra blanca.
En boca la acidez es lo primero y lo último. Hace salivar, tensa el vino de punta a punta y sostiene cualquier cantidad de azúcar. Conviene llevar claro qué es seco, semiseco o dulce antes de descorchar. Cuerpo medio y final largo.
La prueba limpia es ponerlo al lado de un albariño. Los dos llevan acidez alta y fruta blanca, así que de lejos se parecen. De cerca no: el albariño tira a melocotón, azahar y sal, y va recto; el chenin tira a membrillo y miel, deja la lana húmeda por detrás y casi siempre trae un punto de dulzor que le redondea la entrada.
En el Club del Vino de Las Margaritas catamos dos que enseñan hasta dónde llega sin salir de su tierra: el de Clos de l'Écotard, dos hectáreas en Courchamps sobre arcillo-calcáreo y once meses de crianza con un 10 % de barrica nueva; y el Touche Mitaine de Rocher des Violettes, de viñas de treinta y cinco años entre el Loira y el Cher, sobre arcilla con sílex, doce meses. Misma uva y mismo río; distinto suelo, distinta crianza, distinta edad de viña. Dos vinos que no se confunden.
Sigue leyendo
- Acidez
- Albariño
- Crianza
- Cuerpo
- Dulzor
- El color
- Godello
- Guarda y apogeo
- Persistencia
- Seco, semiseco y dulce