Rioja

Introducción

¿Cuántos vinos distintos crees que caben dentro de una sola palabra? Con Rioja, bastantes más de los que la etiqueta deja ver.

Rioja es una denominación de origen calificada: un nombre de sitio protegido por ley, con un reglamento —el pliego de condiciones— que dice qué uvas se plantan, cuánta uva se recoge por hectárea y cuánto tiempo pasa un vino en barrica antes de poder llamarse crianza. No es una marca ni un estilo: es un trozo de mapa con normas.

Ese mapa está en el norte de España, a los dos lados del Ebro. Su pliego habla de 63.593 hectáreas protegidas «actualmente» —es la cifra del pliego y no lleva año de medición— en 144 municipios de La Rioja (43.885 ha), Álava (12.934) y Navarra (6.774); el mismo texto mete en Rioja Alta términos de Burgos (Miranda de Ebro), así que lo de las tres provincias es un resumen cómodo. Dentro caben un tinto del año, un blanco criado en madera y un gran reserva con cinco años entre barrica y botella. Los tres se llaman igual.

Importa por la escala joven · crianza · reserva · gran reserva, que aquí el pliego define con meses exactos de barrica y de botella. En casa solemos decir que nació prácticamente aquí, y el «prácticamente» va en serio: quién la ordenó primero se discute, y el pliego no reclama esa primacía.

El lugar

La certificación de estos vinos como propios de la región se remonta a 1925, lo que hace de Rioja —junto con Jerez— la denominación de origen más antigua de España. Detrás hay siglos: en 1102 el rey Sancho de Navarra ya los reconocía jurídicamente y la primera referencia documental sobre la garantía de su calidad es de 1650. El Consejo Regulador se decretó en 1926, quedó constituido en 1953 y el 3 de abril de 1991 una Orden Ministerial le dio el carácter de Calificada: la primera de España.

El valle mide unos cien kilómetros de Haro a Alfaro y cuarenta de ancho como mucho, y el viñedo trepa en terrazas escalonadas hasta unos 700 metros. Aquí se cruzan dos climas opuestos, el atlántico y el mediterráneo, con temperaturas suaves y algo más de 400 litros por metro cuadrado al año. De ese cruce salen tres zonas: Rioja Alavesa, atlántica, de suelos arcillo-calcáreos en terrazas y parcelas pequeñas; Rioja Alta, también atlántica, donde se mezclan arcillo-calcáreos, arcillo-ferrosos y aluviales; y Rioja Oriental, más seca y cálida por influencia mediterránea, de aluviales y arcillo-ferrosos. La mitad del terreno es aluvial —llano, hondo, con canto rodado— y el resto va a partes iguales entre los otros dos.

El pliego autoriza catorce uvas: cinco tintas —tempranillo, garnacha tinta, graciano, mazuelo (la cariñena) y maturana tinta— y nueve blancas, la viura entre ellas. El techo de cosecha es de 6.500 kilos por hectárea en tintas y 9.000 en blancas, y baja a 5.000 en tintas y 6.922 en blancas en los viñedos singulares: parajes con nombre propio, más pequeños que un municipio y con cepas de 35 años como mínimo. Ahí está el otro Rioja, el de la parcela: en nuestras catas del club han salido sitios como Los Pepones, 0,36 hectáreas en Sojuela a 650 metros, franco-arenoso con arcillas y orientación norte-sur, o una viña de 0,6 hectáreas plantada en 1920 sobre arcillo-calcáreo.

Qué encuentras en la copa

El tinto joven llega púrpura con reflejos violáceos y va de fruta, con la acidez, el grado y el tanino en su sitio. El crianza vira a granate y empieza a hablar de madera: fruta y tostados en armonía, buen cuerpo, taninos suaves. El reserva es cereza picota de ribete rubí, con vainilla, torrefacto y tabaco. El gran reserva se delata por el ribete teja y por una nariz de aromas terciarios —clavo, nuez, cedro, frutos secos— sobre una boca fina y larga.

Dicho de otro modo: aquí la barrica no es un adorno, es parte del acento. El coco y la vainilla del Rioja clásico vienen del roble americano; el estilo más reciente tira de roble francés y deja la fruta más a la vista. En los ciento ochenta riojas de nuestra base de cata, la acidez se queda casi siempre en media o media-alta y el tanino en medio o marcado, casi nunca áspero. En nuestra nota de un gran reserva de 2010 aún aparece el nervio, con los taninos tan pulidos que solo dejan textura. Ahí está su fama de vino de guarda.

Y no todo es tinto. La viura da blancos ligeros de manzana verde y flor blanca, y también blancos de crianza larga que envejecen de manera asombrosa. Si tienes que quedarte con una sola señal para reconocer un Rioja, que sea esa convivencia tranquila entre la fruta roja madura y la madera especiada.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes