Hablar de Pago de los Capellanes es referirse a una de las firmas más respetadas y consolidadas de Pedrosa de Duero (Burgos). Su vino Crianza es la columna vertebral de la bodega y representa el equilibrio perfecto entre la potencia franca del terruño burgalés y una elegancia accesible pero profunda.
Procedente de parcelas seleccionadas con suelos arcillo-calcáreos y una altitud media de 800 metros, este vino se beneficia de los acusados contrastes térmicos entre el día y la noche durante la maduración. Tras una minuciosa fermentación con levaduras autóctonas, realiza una crianza de 12 meses en barricas de roble francés de 300 litros, seguida de un reposo en botella que termina de afinar su estructura.
Su elaboración cuida cada detalle, comenzando por maceraciones prefermentativas en frío y continuando con una fermentación conducida con levaduras autóctonas. Posteriormente, el vino reposa durante 12 meses en barricas de roble francés de 300 litros, completando su afinado en botella hasta alcanzar ese carácter suave y envolvente tan característico de la casa.
En la copa se presenta con un color rojo picota muy limpio y brillante, dejando entrever matices violáceos y una capa de notable intensidad que anticipa su cuerpo y concentración.
En nariz destaca por su franqueza y elegancia. Inicialmente emerge un perfil marcadamente frutal donde predominan los frutos negros maduros —mora, ciruela y arándanos— entrelazados con sutiles toques florales que recuerdan a la violeta. A medida que el vino se oxigena, la crianza muestra su nobleza aportando notas de cacao puro, especias dulces como la vainilla o el clavo, un ligero fondo de regaliz y recuerdos balsámicos de monte bajo.
En boca es donde Pago de los Capellanes Crianza despliega todo su encanto. Su entrada es amplia, cremosa y aterciopelada, llenando el paladar con una textura carnosa pero extremadamente pulida. Los taninos se muestran redondos y amables, arropados por una frescura que le aporta dinamismo y dinamiza cada trago. El final es largo, complejo y persistente, dejando una memoria grata donde reaparecen los matices tostados, la fruta madura y los toques especiados.