Introducción
En un grupo que toca en directo nadie sale del concierto tarareando la línea del bajo. Quítalo y la canción se cae: se queda plana, sin suelo. La graciano hace ese trabajo en Rioja.
Es una uva tinta que el Consejo Regulador reconoce como autóctona de la zona y que ocupa muy poco terreno: el 2,28 % de las variedades tintas y el 2,07 % del viñedo total de la denominación, según su ficha varietal, que no publica año de referencia. Con ese porcentaje minúsculo, sin embargo, sale en un montón de contraetiquetas, casi siempre detrás del tempranillo, en segundo, tercer o cuarto lugar: de los 155 riojas tintos de nuestra base de cata, 47 la llevan en el coupage y solo dos son de graciano sola.
Se planta poco porque da poco. La ficha oficial habla de baja fertilidad y maduración tardía: cuaja pocos racimos y es de las últimas en entrar en la bodega. A cambio tiene, según ese mismo Consejo, más acidez que ninguna otra variedad riojana y un contenido polifenólico elevado —mucha materia colorante y mucho tanino—. Traducido: es una uva de crianza y de guarda, no de trago rápido.
Origen
El catálogo internacional de variedades (VIVC, número 4935) la da como española y de baya negra, y ahí se acaba la certeza: la casilla del parentesco está vacía y la ficha dice sin rodeos que no hay pedigrí confirmado por marcadores. No se le conocen padres.
Lo que sí está verificado son sus nombres. La misma variedad se llama tinta miúda en Portugal, cagnulari en Italia y morrastel figura entre sus 115 sinónimos registrados; en España, el catálogo da tintilla de rota como su nombre oficial. Ahí hay un desajuste que conviene decir tal cual: la lista administrativa del Ministerio de Agricultura mantiene la tintilla de rota como variedad aparte en las denominaciones andaluzas. Dos registros oficiales, dos criterios distintos.
En Rioja —primera denominación Calificada de España, desde el 3 de abril de 1991— el pliego en vigor la incluye entre las cinco tintas autorizadas, junto al tempranillo, la garnacha tinta, el mazuelo y la maturana tinta, con un tope de 6.500 kilos por hectárea. La denominación entera, según los apuntes del Club del Vino de Las Margaritas —que tampoco fechan el dato—, ronda las 66.797 hectáreas; cuánto de eso es graciano no lo publica nadie. Fuera de Rioja está autorizada en más de veinte denominaciones, de Navarra a La Mancha, y en el Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino trabajan desde 2009 en una nueva selección clonal para frenar el empobrecimiento genético de la variedad. Poca superficie, sí; abandonada, no.
Cómo reconocerla
Empieza por el color. La graciano tiñe como pocas: rojo muy intenso, casi opaco, de capa alta y con un ribete violáceo que aguanta ahí incluso después de meses en barrica, cuando otros tintos ya han virado a teja.
En nariz va por mora y arándano, con la violeta por delante —esa nota floral es su firma—, un fondo balsámico de eucalipto y un punto que en casa llamamos tinta china: seco, mineral, casi de tintero. Con crianza aparecen el regaliz, el cuero y un recuerdo de almendra amarga.
En boca es puro nervio. Acidez alta, tanino firme y un final largo y especiado. No es un tinto ancho ni goloso: es uno que refresca, que hace salivar y que se alarga. Esa persistencia es lo que se nota cuando acompaña al tempranillo aunque entre en proporción pequeña: el Consejo Regulador habla de una complementariedad demostrada entre las dos para el envejecimiento.
La prueba comparativa se hace en casa. Pon al lado un rioja de tempranillo y un graciano en solitario. El de tempranillo huele a cereza madura, cuero y vainilla, y en boca redondea; el graciano es más oscuro, más morado, más ácido y más balsámico, y en vez de acomodarse te aprieta. Si vienes de la mencía el contraste va al revés: allí la frescura llega con color pálido y cuerpo ligero; aquí, con un tinto casi negro. Color oscuro y boca fresca a la vez: eso, en un tinto español, casi siempre es graciano.
En la mesa pide comida con grasa y con carácter —caza, cordero asado, un guiso de legumbres, un queso semicurado— y agradece servirse un punto por debajo de lo que pedirías para otro tinto de guarda.
Vinos para entenderlo
La teoría se entiende mejor con una botella delante.
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