Airén

Introducción

185.614 hectáreas. Eso ocupa el airén en España, a menos de diez mil del tempranillo, que va primero y es tinto: la primera blanca del país es esta, sin discusión. En nuestro catálogo, mil ciento doce vinos con nota de cata propia, no hay ni una sola botella suya.

Esa grieta entre lo mucho que se planta y lo poco que se ve lo explica casi todo. El airén es la uva de la meseta manchega: racimos grandes y sueltos, de pulpa blanda y mosto incoloro. Aguanta el calor, casi no enferma, bebe poca agua y da poco grado. Una planta cómoda en un sitio duro, y durante décadas se le pidió justo eso, litros. Buena parte de su cosecha nunca llegó a una botella con su nombre —la OIV le asigna dos destinos, vino y brandy—.

Últimamente algo se ha movido. En julio de 2025 el Gobierno de Castilla-La Mancha declaró el 30 de noviembre Día de la Variedad Airén, y la defendió por lo mismo que antes la rebajaba: cultivo sencillo, poco propenso a enfermedades, consumo moderado de agua y grado alcohólico reducido. En un mundo más caliente y con menos ganas de vinos pesados, la uva del granel venía con los deberes hechos.

Origen

Española, y hasta ahí lo firme. El VIVC, catálogo ampelográfico de referencia, la da como originaria de España y confirma por marcadores que uno de sus padres es el hebén, otra blanca que ese mismo catálogo da como española. El otro consta como desconocido, y así hay que dejarlo: media familia, no hay cruce que contar. El hebén es también progenitor de la viura, así que la uva de La Mancha y el blanco clásico de Rioja son medio hermanos, cosa que en copa no dirías nunca.

Fecha tampoco hay. Cuándo apareció y por dónde entró en la meseta no lo hemos podido comprobar en fuente primaria, así que no se rellena. Nombres sí: el VIVC recoge veintiocho, y los de casa son lairén, manchega, valdepeñera y forcallat blanca. Alguno se pisa con uvas distintas —malvar, valdepeñas—: mejor el análisis genético que la etiqueta.

El resto de su historia se cuenta en hectáreas. En 2015 la OIV le contaba 217.000 en España, el 22,3% del viñedo del país, primera de España y sexta del mundo; en 2024 el Ministerio la sitúa en 185.614 y ya segunda. Ha retrocedido, pero manda donde siempre: 91.636 hectáreas del viñedo inscrito en la D.O. La Mancha eran airén en la campaña de 2021, de 154.894 en total, y Castilla-La Mancha reúne más de 182.000, el 42% de su viñedo. En Valdepeñas encabeza la lista de blancas del pliego, con un tope de 8.000 kilos por hectárea y un mínimo de 11% vol.

Cómo reconocerla

Se reconoce por lo que no hace. En nuestras notas, amarillo pajizo pálido y limpio; el pliego de Valdepeñas describe algo parecido —«amarillo pálido con tonalidades verdosas o ambarinas»—, aunque ahí habla del blanco de la DOP en conjunto, donde también caben macabeo, chardonnay, sauvignon blanc, moscatel y verdejo. Acércala a la nariz y tendrás que buscar: manzana, un plátano suave, flor blanca y poco más. Eso es intensidad aromática baja, y no es un defecto, es la uva. Vinificada en frío, esos aromas primarios salen mejor dibujados; si no, la copa habla en voz muy baja.

En boca es ligera y suave: cuerpo escaso, alcohol contenido y un final corto, que se va sin dejar rastro. Con la acidez no hay acuerdo, y preferimos decirlo. Nuestras notas la dan media, sin filo; la OIV despacha al airén como uva de «vinos poco perfumados y de acidez baja». No es el mismo juicio y no lo vamos a encadenar como si uno refrendara al otro. En lo que sí coinciden: nadie sostiene que este vino apriete.

Ponla al lado de un verdejo y se ve. El verdejo salta encima: hinojo, hierba, un ácido que aprieta, ese amargor final de piel de pomelo. El airén parece haberse quedado callado. Mismo blanco seco de secano castellano, dos volúmenes distintos. Sírvela bien fría —temperatura de servicio— y bébela joven: el frío le presta el frescor que la uva no trae de casa. Con una tortilla, unas aceitunas, un pescado frito o un manchego tierno, cumple de sobra.

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Fuentes