Gewürztraminer

Introducción

No es un vino dulce. La nariz promete azúcar a puñados —lichi, pétalos de rosa, jengibre, especias dulces— y luego llega la boca y está seca. Ese desajuste entre lo que hueles y lo que bebes es el rasgo que define al gewürztraminer, y la primera vez descoloca a cualquiera.

Es una uva blanca de piel que no lo es: el catálogo ampelográfico VIVC registra su baya como rosada, y ese detalle acaba viéndose en la copa. En la casilla del sabor la clasifica sin matices como aromática, y sus 219 sinónimos registrados repiten la idea por media Europa: traminer aromatico, traminer épicé, gentil aromatique. Con esta intensidad aromática casi no hace falta acercar la nariz.

Origen

Aquí toca ser honesto, porque ni el registro se pone de acuerdo consigo mismo. VIVC mantiene dos fichas de uva rosada: la 12609, gewürztraminer, aromática, con Alemania como país de origen; y la 10797, savagnin rose, no aromática, con Francia. Cada una lleva el nombre de la otra entre sus sinónimos. Y el organismo del vino alsaciano las lista por separado entre las variedades de la AOC Alsace, reconocida en 1962. O sea que no está zanjado si son una uva o dos, y quien te lo cuente con seguridad se la está inventando.

Lo confirmado por marcadores genéticos es la cadena. El gewürztraminer es una mutación del savagnin rose, y el savagnin rose lo es a su vez del savagnin blanc, un blanco al que VIVC no le consigna ni origen ni padres. Y el detalle que más dice está en esa misma casilla del sabor: los dos savagnin la tienen en «ninguno»; el gewürztraminer, en «aromático». La mutación puso el perfume.

El savagnin blanc es una de las cinco variedades del Jura, dos mil hectáreas en el este de Francia. En el Club del Vino de Las Margaritas catamos uno, el «Les Budes» de Domaine de Montbourgeau: dieciocho meses en fudre, de una parcela plantada en 1988 sobre margas grises y calizas llenas de fósiles marinos. En nariz no se parece en nada a un gewürztraminer, y sin embargo es su abuelo.

Hoy la uva es sobre todo francesa: 3.083 hectáreas en 2009, frente a 560 en Italia (2000) y 247 en España (2009). En Alsacia entra además en las Vendanges Tardives, la mención de vinos dulces creada en 1984, junto al riesling, el moscatel y el pinot gris. En España está autorizada en la D.O. Somontano.

Cómo reconocerla

Empieza por el color: amarillo dorado, más subido que la media de los blancos y a veces con un reflejo cobrizo. Es esa piel rosada asomando. En nariz no hay que buscar nada: sale sola, con el lichi y el pétalo de rosa por delante —familia floral en estado puro—, el jengibre y las especias dulces detrás (familia especiada) y fruta tropical madura al fondo.

Y entonces bebes. La acidez es baja, el cuerpo ancho, la textura casi untuosa (glicerina), y el vino está seco aunque la nariz haya prometido otra cosa. Ese contraste es el truco: mucha gente jura que ha bebido un vino dulce cuando lo que ha notado es aroma, no dulzor.

La prueba comparativa más limpia la tienes en la propia Alsacia. Pon un riesling al lado: pálido, cítrico, con una acidez que corta, ligero de boca. El gewürztraminer es lo contrario en las cuatro cosas. Y ojo con la otra trampa, el moscatel de Alejandría, el otro gran perfumado: el moscatel huele a la uva misma y al azahar; el gewürztraminer, a lichi y a rosa. Distinguirlos es de los mejores ejercicios para entrenar la cata a ciegas: una vez lo tienes, ya no se te olvida. Pura tipicidad.

Se bebe joven y frío, pero no helado: si sale demasiado frío se le cierra el perfume, que es justo lo que has venido a buscar (temperatura de servicio). En la mesa aguanta lo que casi ningún blanco: cocina asiática, un curry suave, un queso de cabra, incluso un azul. Donde otros se rinden ante el picante, este contesta.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes