Penedès

Introducción

¿Puede una denominación de origen entera obligar a que todo su vino sea ecológico? El Penedès lo hace. Desde la vendimia de 2025 su pliego exige que la uva y el vino estén certificados como ecológicos: eso es norma escrita, no un gesto. Su Consejo Regulador va un paso más allá y se presenta como la primera DO del mundo 100 % ecológica; esa frase es suya, no la avala nadie de fuera.

Una denominación de origen es un nombre de sitio protegido por ley: un pliego dice qué uvas se plantan, cuánta se recoge por hectárea y cuánto reposa un vino antes de llamarse crianza. No es una marca ni un estilo, es un trozo de mapa con normas.

El del Penedès está en Cataluña, entre el mar y la montaña. Es de las históricas: se aprobó en 1932 y el Ministerio de Agricultura la reguló en 1960; al registro europeo entró el 13 de junio de 1986. Dentro caben blancos de trago corto, blancos de barrica, tintos, rosados y espumosos de método tradicional.

El lugar

La zona de producción son 61 municipios de Barcelona y Tarragona —el pliego los lista uno a uno, sin dar el total—, con Vilafranca del Penedès en el centro y Sitges o Vilanova asomados al mar. Más de 2.500 hectáreas de viñedo, según el Consejo Regulador; la misma cifra que manejamos en el club.

El pliego describe el terreno en tres piezas: el Macizo del Garraf, la Depresión Prelitoral del Penedès y la Cordillera Prelitoral, que va de Montserrat al Montmell. Clima mediterráneo. El único detalle que el pliego concreta es el diferencial térmico entre la noche y el día en julio y agosto, y lo asocia a la uva tinta: madura con antocianos, taninos y fruta roja. El frescor de los blancos lo atribuye a otra cosa —suelo, clima y mano de quien trabaja la viña—, y no da temperaturas. El suelo lleva entre un 5 % y un 10 % de caliza activa, drena bien y deja a la raíz entre 40 y 120 centímetros. Tierra franca, poca piedra.

Suelo, clima y altura parten la DO en diez zonas que pueden aparecer en la etiqueta: Alts d'Ancosa, Conca del Foix, Costers de l'Anoia, Costers de Lavernó, Costers del Montmell, Marina del Garraf, Massís del Garraf, Muntanyes d'Ordal, Turons de Vilafrana —así, sin la ce, en la norma— y Vall Bitlles-Anoia.

Las reglas aprietan. Diecisiete uvas blancas y doce tintas, con el xarel·lo, el macabeo —la viura— y la parellada como base de casa, más sumoll, ull de llebre (el tempranillo), samsó (la cariñena) y forasteras asentadas como la cabernet sauvignon o el chardonnay. El techo de cosecha es de 12.000 kilos por hectárea en blancas y 9.000 en tintas, un 15 % menos en los vinos de mas. Un tinto necesita 11 grados; un blanco o un rosado, 9,5. Y la escala de guarda tiene plazos propios —crianza, reserva y gran reserva, hasta cinco años en el tinto—, siempre en roble de 330 litros o menos; el espumoso, quince meses mínimo de tiraje a degüelle.

Qué encuentras en la copa

La firma de la casa es el xarel·lo. Manzana, pera y flor blanca de joven, y un final de almendra que, una vez lo reconoces, ya no se te escapa; en los de crianza larga asoman el pan tostado y un fondo de tiza. En los once penedeses de nuestra base de cata la acidez se va casi siempre al escalón alto, el cuerpo se queda ligero o medio y el tanino, abajo del todo: aquí manda el blanco.

Los espumosos salen tensos, con la burbuja ya integrada de quien ha pasado más de un año sobre lías: fruta blanca madura, hinojo, almendra y pan. Los rosados, ligeros y de fresa silvestre. Y los tintos, algo más de un tercio de las botellas, siguen siendo los desconocidos: el pliego les atribuye estructura y cuerpo con taninos suaves y postgusto largo, y así se comportan. El sumoll de Can Ràfols dels Caus que catamos en el club —cinco meses en castaño, viñas de medio siglo sobre caliza— es un tinto de poca capa y mucho monte.

Si te quedas con una señal, que sea la tensión: junto al mar y en clima cálido, el Penedès hace vinos que tiran hacia arriba, no hacia el peso.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes