Malbec

Introducción

En el valle del Lot, en el suroeste de Francia, hay una denominación reconocida en 1971 que solo puede embotellar tinto: Cahors. Ni blanco, ni rosado, ni burbujas. Y la uva que manda ahí, por norma, es el malbec.

Es una tinta que tiñe la copa como pocas: pones un dedo detrás y no lo ves. Pero el color engaña. De esa capa tan cerrada esperas un vino que muerda, y el malbec hace lo contrario: tiene mucho tanino y aun así entra suave, ancho, casi goloso. Ahí está su gracia.

Nació en Francia, pero su casa grande está hoy al otro lado del Atlántico. En Argentina sumaba 46.890 hectáreas a cierre de 2025 —el 23,9 % de todo el viñedo del país y el 42,6 % de las tintas de vinificación, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura— y supone el 71,9 % del vino varietal que el país exporta. Pocas veces una uva y una bandera han acabado tan pegadas.

Origen

Su nombre de pila no es malbec. En el catálogo ampelográfico de referencia, el VIVC, la variedad se registra como côt, número 2.889, y malbec es uno más de sus ciento noventa y cuatro sinónimos, junto a auxerrois, pressac o directamente cahors. Tanto nombre para una sola uva suele significar lo mismo: lleva siglos dando vueltas.

Del origen hay dos cosas firmes y una en el aire. Firme, el país: el VIVC consigna Francia. Firmes también el padre y la madre, confirmados por marcadores genéticos: magdeleine noire des charentes × prunelard. El apellido materno da una sorpresa bonita, porque esa misma magdeleine noire, cruzada con la cabernet franc, es la madre del merlot. Malbec y merlot son medio hermanos, y no extraña que compartan carnosidad y tanino amable. En el aire queda la región: se le atribuye el Lot, el Quercy y también el norte de Borgoña, y el VIVC, que es el catálogo que manda, no confirma ninguna. Aquí no elegimos.

Lo demás está documentado. El pliego de Cahors de 2009 exigía un mínimo del 70 % de côt, con merlot y tannat de acompañantes. En 1853, el agrónomo francés Michel Aimé Pouget plantó cepas francesas, malbec entre ellas, en la Quinta Normal de Mendoza —la quinta y escuela de agricultura que impulsó Sarmiento—. El proyecto se presentó un 17 de abril, y desde 2011 esa fecha es el Día Mundial del Malbec. La OIV contaba 40.000 hectáreas argentinas en 2015 y anotaba que la superficie casi se había duplicado en quince años. Fuera de sus dos casas sigue viva: en el Loira la llaman côt y en España está autorizada en la Ribera del Duero, donde acompaña al tempranillo sin ser nunca la principal.

Cómo reconocerla

Empieza por el color: violeta profundo, casi opaco, de los más espectaculares que vas a ver en una copa, con el ribete morado cuando el vino es joven. En nariz, ciruela y mora muy maduras, un golpe de violeta y un fondo a cacao; los de Mendoza suman ese dulzor de fruta asoleada que dan la altura y el sol seco.

En boca se define. El tanino es abundante, pero maduro y dulce al tacto: envuelve en lugar de secarte la boca, así que la astringencia se nota poco para el cuerpo que tiene. La acidez es media —nunca punzante— y el alcohol, alto. Sale un tinto carnoso, ancho, de trago sorprendentemente fácil para su tamaño.

La prueba más limpia es compararlo con el cabernet sauvignon, su compañero de ensamblaje en Burdeos. Los dos son oscuros y estructurados, pero se separan solos: el cabernet huele a cassis y a pimiento verde y aprieta al final, con un tanino que raspa; el malbec huele a violeta y a ciruela y termina redondo. Si el tanino acaricia, es malbec.

La crianza le sienta bien sin taparlo. En el club hemos catado el Signature Malbec de Susana Balbo —trece meses de crianza, fruta del Paraje Altamira, en el Valle de Uco—, el Romelio de Reta, 85 % malbec de viña vieja chilena sobre arena y granito, y el Côt de Rocher des Violettes, en el Loira, con cepas de cinco a ciento veintinueve años. Tres sitios muy distintos, y en los tres reconoces la violeta. En la mesa pide carne y fuego: un asado, un chuletón, un guiso largo. La grasa se lleva de maravilla con ese tanino ancho.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes