Cariñena

Introducción

¿Cuántas veces has bebido cariñena sin que nadie te lo dijera?

Es una tinta que casi siempre viaja escondida dentro de una mezcla y bajo otro nombre. En Rioja la llaman mazuelo y entra en el coupage clásico, un par de pasos por detrás del tempranillo. En el Priorat y en Montsant firma como cariñena o samsó, del brazo de la garnacha. En el sur de Francia es carignan. El catálogo internacional de variedades le tiene registrados ciento cuatro sinónimos: pocas uvas se han cambiado tanto de nombre.

Su carácter cabe en dos palabras: nervio y mordiente. Da mucho color, mucha acidez y un tanino que aprieta. Y madura tardísimo —cuatro semanas y media después del chasselas, la uva que el catálogo francés usa de referencia—, así que necesita calor y suelo pobre. Donde no los tiene, se queda verde. Ahí está su vida entera: por qué cayó en desgracia y por qué ha vuelto.

Origen

Toca decir que no está resuelto, y que las dos fuentes que deberían coincidir no coinciden. El VIVC, catálogo ampelográfico de referencia mundial, consigna Francia como país de origen. El catálogo oficial francés, Pl@ntGrape, dice lo contrario: cepa de origen español, «probablemente de la región de Aragón». Dos registros oficiales, dos respuestas: origen en disputa, y así se queda.

Lo que sí ha aportado la genética es medio árbol. El pedigrí confirmado por marcadores del VIVC identifica un progenitor —la castellana blanca, una uva blanca que el propio catálogo registra como española— y deja el otro en interrogante.

El nombre viene del pueblo. El pliego de la DOP Cariñena sitúa el arranque del viñedo aragonés en la Celtiberia, donde estaba la villa romana de Carae —hoy Cariñena—, cuyos habitantes bebían vino mezclado con miel en el siglo III antes de Cristo. Que la uva lleve ese nombre no demuestra que naciera allí; lo que sí dice el pliego vigente es que sigue siendo variedad tinta principal y que la considera autóctona, junto a la garnacha.

Lo que no admite discusión es el desplome. En Francia había 211.254 hectáreas en 1968 y quedaban 30.993 en 2018. Es una cepa fértil y de cosecha abundante —así la describe el catálogo francés—, y durante décadas eso fue justo lo que se le pedía; cuando dejó de serlo, se arrancó. En España el VIVC daba 6.130 hectáreas en 2008, de ellas 1.193 en Rioja. Sobrevivió lo que a nadie le compensaba arrancar: viña vieja en laderas malas. Justo donde se pone buena, porque el mismo catálogo apunta que con cepas adultas, terruño pobre y producción limitada da vinos potentes y generosos.

Cómo reconocerla

Empieza por la capa: alta, picota oscuro, con el ribete violáceo. Es de las que tiñen la copa.

En nariz, fruta negra ácida —mora, arándano—, regaliz y un fondo terroso que de joven resulta algo rústico, casi a monte. Cuando viene de viña vieja sobre pizarra, ese fondo se afina y aparece la mineralidad de grafito y piedra caliente.

En boca se delata sola. La acidez es alta y el tanino muerde: el vino te refresca y te aprieta a la vez, y esa doble sensación es su firma. Si la uva no llegó madura, el tanino sale herbáceo y deja amargor —el propio catálogo francés lo reconoce y recomienda corregirlo con maceración carbónica, que le saca fruta y le lima las aristas—. Cuerpo medio y alcohol medio, aunque en el Priorat, con vendimias muy maduras, sube sin avisar.

La prueba comparativa es fácil de montar: una garnacha del mismo pueblo al lado. La garnacha llega más pálida, más golosa, con la acidez más baja y el alcohol más alto; la cariñena, más oscura, más ácida, más áspera. Si una copa te seca la boca y te hace salivar en el mismo trago, esa es.

En nuestras catas del club se ve bien con dos vinos. «Les Comes d'Orto», de Orto Vins, doce meses de crianza y pequeños valles de suelos muy pobres en Montsant. Y el «Marla Vi de Vila» de Sandra Doix, doce meses y viñas de sesenta años sobre licorella en el Priorat. En los dos, la cariñena trabaja por debajo: es la que pone el filo. Sírvela algo más fresca que un tinto de guarda y ponle delante algo graso —un guiso de caza, un cordero, un embutido de los que untan—: su acidez corta la grasa como pocas.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

Ver la selección de Cariñena en la tienda

Sigue leyendo

Fuentes