Alicante

Introducción

Al borde de una laguna salada hay viñas. Están dentro del Parque Natural de las Lagunas de la Mata y Torrevieja, y el pliego de la DOP Alicante las mete en la denominación con una coletilla al final de la lista de municipios: «y también, los viñedos ubicados dentro de la demarcación». El único trozo de la zona que no se define por un pueblo, sino por un humedal.

Alicante es una denominación de origen protegida: un reglamento fija qué uvas se plantan, cuánta se recoge por hectárea y qué cumple cada vino. Lleva nombre de provincia, pero no cabe entera en ella: se queda con pedanías de Caudete (Albacete) y con parajes de Abanilla, Jumilla y Yecla (Murcia), porque —dice el pliego— hacía falta «crear unidades geográficas homogéneas por suelo y clima». Ampara cinco categorías; la última, «vino de uvas sobremaduradas», tiene nombre propio: fondillón. La UE la registró el 13 de junio de 1986; el Consejo fecha el nombre en 1932.

A finales del XIX había aquí 93.000 hectáreas. Hoy el Consejo dice que «no superamos las 10.000 Has.» y nuestra presentación del club da 14.000: ninguna lleva año, así que dejamos las dos. Certificadas, 48 bodegas a marzo de 2025.

El lugar

Ocho subzonas, del mar al Vinalopó. Al este, el agua; al oeste, la Sierra de la Oliva, de 1.153 metros, hace de tapia contra la meseta. Las brisas suben por los pasillos que abren las montañas, y la hoja recibe cerca de 2.900 horas de sol al año.

Dos mitades que no se parecen. En la Marina Alta, con el cabo de la Nao delante, los aires «se empotran» contra las sierras y dejan más de 500 milímetros al año; el suelo, arcilloso y francoarenoso, filtra rápido sobre calizas cretácicas. Ahí manda la moscatel de Alejandría. Tierra adentro el suelo «se vuelve mucho más calizo, con alta presencia de yesos, cantos calcáreos, costra y piedras», retiene poca agua y obliga a la raíz a bajar; el termómetro va de −5 °C a 45 °C. En El Comtat nieva. Esa caliza activa es, según el pliego, la responsable de la sequedad, de la buena acidez y de los toques minerales: terruño escrito como causa.

Lo que ata las dos mitades es la sed, y viene de lejos: aquí hay vid desde el siglo VI a. C. Se cultiva en secano y en minifundio, y la uva que aguanta eso es la monastrell —la misma que ocupa más del 70 % del viñedo en Jumilla, con la que Alicante comparte polígonos inscritos desde 1957—. De las 35 variedades autorizadas ocho son principales; entre las tintas, monastrell, garnacha tintorera, garnacha tinta y bobal. El techo de cosecha es de 9.100 kilos por hectárea en tintas y 12.000 en blancas; en la mención «Alicante Singular» —parajes delimitados, viña en vaso, vendimia manual, 85 % como mínimo de principales o históricas— baja a 6.370 en tintas y 8.400 en blancas. Con las principales hay que ir además a viñas de veinticinco años; con las históricas el pliego no pide edad.

Qué encuentras en la copa

Empieza por el tinto. El pliego describe el joven de capa media o alta, de rubí a violeta y frutos rojos; y el criado, de capa media o baja y color cereza, con fruta madura, balsámicos de bosque mediterráneo, especias y tostado. En los nueve tintos que hemos catado en casa se repiten la fruta negra madura, el romero y las hierbas secas, con cuerpo de medio a pleno y taninos de suaves a firmes según la barrica. Y hay algo que cruza los dieciséis alicantinos anotados: la acidez marca 3 sobre 5 en catorce, y ninguno baja de ahí. Por eso el calor no llega a pesar.

La moscatel de la Marina juega a dos bandas: la misma uva sale seca de once grados —huele a azahar, promete azúcar y en boca no llega nada— o dulce y untuosa de quince, con acidez que impide el empalago.

Y está el fondillón, que no se parece a nada. Solo monastrell, sobremadurada en la cepa y con levaduras del sitio; los dieciséis grados han de ser naturales, sin añadir alcohol —eso lo separa de un Jerez—, y pasa como mínimo diez años en barrica de roble. Sale caoba y cobrizo, con fruta pasificada, nueces, café y madera, y en boca queda entre dulce y amargo, largo, con la oxidación trabajada a favor. Su acidez volátil permitida, 2,2 gramos por litro, es la más alta de la tabla del pliego: a un blanco de la casa se le corta en 0,8 y a un tinto en 1,2.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes