Jumilla

El calor llega después. Primero es la fruta negra —mora, ciruela pasada de punto—, luego el monte seco y un fondo de cacao; y cuando ya has tragado, un golpe cálido que sube por la garganta y tarda en marcharse. Ese rastro es la firma de Jumilla.

Introducción

Jumilla es una denominación de origen: un pliego fija qué uvas se plantan, cuánta se puede recoger y qué debe cumplir el vino. Está en el altiplano que separa La Mancha del Mediterráneo, y no cabe en una provincia: de sus siete municipios uno es de Murcia —el propio Jumilla, con 8.494 hectáreas— y seis son de Albacete. El Consejo declara 20.332 ha inscritas en 2025, aunque en esa misma página redondea a "unas 20.000" y en otra habla de 22.000, que es la cifra de nuestra presentación del club. Sus números no cuadran entre sí.

Aquí manda una uva. La monastrell ocupa más del 70% del viñedo, y el 95% de la superficie es de tintas. Con 1.400 viticultores y 38 bodegas certificadas, Jumilla vendió 18,7 millones de botellas en la campaña 2024/2025, seis de cada diez fuera de España.

El lugar

La viña vive entre los 320 y los 900 metros, entre sierras que llegan a 1.372. Y pasa sed: 300 litros por metro cuadrado al año, mal repartidos —el grueso en aguaceros de otoño, a veces torrenciales, y otro máximo menor en abril—. La media anual es de 16 °C, pero engaña: en verano se pasa de 40 y en invierno se roza el −10. Poca agua, mucha luz, 3.000 horas de sol y un salto térmico enorme: eso es el terruño de aquí.

Lo salva el suelo: pardo y calizo, suelto, pedregoso, pobre en materia orgánica, pero hondo y de buena retención, que guarda el agua de esos aguaceros y se la va dando a la cepa. Y trae una rareza. Según el pliego, la naturaleza arenosa-arcillosa de muchos de esos suelos "ha limitado" aquí la expansión de la filoxera: la limitó, no la impidió, pero bastó para que sobreviva viña muy vieja —más del 20% pasa de treinta años— y unas mil hectáreas a pie franco. El Consejo describe su cultivo como "mayoritariamente en secano y con formación en vaso (75%)", con más del 75% de la superficie certificada como ecológica.

La denominación se reconoció en 1961, medio siglo después de la Estación Enológica de Jumilla (1910), aunque la vid lleva aquí más de cinco mil años: hay semillas de uva en yacimientos como la Cueva de los Tiestos. Lo último es de 2025: el Pleno del Consejo acordó el 6 de febrero pedir que se eliminara la mención "pie franco" del etiquetado, y quien lo resolvió fue la Dirección General de Alimentación, el 24 de febrero (BOE del 5 de marzo). La única mención de viñedo que sigue regulada es "Viña vieja", que exige un 85% de uva de cepas de treinta años para arriba; los términos tradicionales, de Crianza a Gran Reserva, siguen en pie.

Qué encuentras en la copa

Se ve antes de olerlo: púrpura casi negro, opaco, de capa altísima y lágrima espesa. La piel gruesa de la monastrell no sabe hacer vinos pálidos. En nariz, fruta negra muy madura, hierbas secas de monte —romero, tomillo, ese olor a ladera al mediodía—, cacao, regaliz y las notas tostadas de la crianza.

En boca es ancho y carnoso. El pliego pide 12 grados mínimos en el tinto y en la práctica se van muy por encima: de nuestros once jumillanos, cinco declaran 15 y tres, 16. El cuerpo es pleno en la mitad, y el tanino va de amable a firme según la barrica; con syrah o petit verdot en la mezcla aparece un punto balsámico.

El dato que más dice de la zona es este: en los doce vinos de nuestra base, la acidez marca 3 sobre 5. Ni uno se sale. Aquí el equilibrio no lo pone el nervio, como en el Priorat, sino la carnosidad de la fruta envolviendo el alcohol. Por eso pide comida grasa y por eso conviene servirlo más fresco de lo que parece: dos grados menos y el calor deja de tapar.

No todo es tinto de músculo. Hay rosados francos, blancos —incluidos "blanc de noirs" hechos con uva tinta—, un moscatel que huele dulce y entra seco del todo, y vinos de licor de monastrell de 15 a 22 grados, con dulzor por delante y tanino por debajo. Y hay una generación que vendimia antes y usa menos madera: que el sol se note sin pesar.

Vinos para entenderlo

La teoría se entiende mejor con una botella delante.

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Fuentes